Decir lo indecible

[vc_row][vc_column][vc_custom_heading text=”Denunciar abiertamente y arriesgarse a ofender: es la única forma de desafiar a la injusticia y evitar la censura”][vc_row_inner][vc_column_inner][vc_column_text]

Una mujer mira por la ventana, Hernán Piñera/Flickr

Una mujer mira por la ventana, Hernán Piñera/Flickr

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Irradia belleza. Una nariz franca y orgullosa que algunos aseguran insinúa el tamaño de sus atributos personales; es cierto: no lo de la nariz, sino lo de su belleza. Tiene una cara amable, sus ojos de color castaño oscuro miran a la cámara con añoranza, tiene unos labios seductores perfectamente perfilados. Osama bin Laden es guapo… y no le falta sex appeal.

No estoy de acuerdo con sus ideas políticas, creencias, valores, fundamentalismo islámico ni métodos de lidiar con la hostilidad que occidente sigue expresando contra el pueblo musulmán. Una hostilidad que sin duda contribuyó a su animadversión contra gente de todas partes.

Simplemente estoy expresando una opinión frívola y superficial. Cuando mis amigos me oyen decir que creo que Osama bin Laden está bastante follable, o me dan un golpetazo en el hombro y me dicen que me calle, o me preguntan: «¿Crees que te sienta bien el naranja y quieres acostumbrarte a estar encerrada en una jaula chamuscándote bajo el sol abrasador y de la que solo te dejarán cinco minutos de vez en cuando para hacer ejercicio?» No se referían a los fetiches sexuales de Osama, sino a las necesidades de Bush y Blair.

En mis horas bajas, Boris Johnson solía ponerme también, siendo superficiales otra vez, por su jovial pomposidad de inglés torpón. Tampoco estoy de acuerdo con su ideología. Cierto es que a Boris no lo acusan de hacer volar por los aires a gente inocente, y no vive en una cueva viendo cómo hacen estallar a sus vecinos. Con lo de Boris solo se reían de mí; no había actitudes que me encuentro cuando expreso la follabilidad de Osama.

¿Entonces por qué digo y escribo lo indecible después de haber vivido hostilidad y agresión extremas? La respuesta podría ser que soy impulsiva, que pienso en voz alta con frecuencia, que me gusta sacar a relucir los temas que me rodean y debatir sobre ellos. En mi obra exploro muchos puntos de vista, desde los del opresor hasta los del oprimido.

Mi primera obra de teatro, Reshaam, iba sobre un «crimen de odio» en una familia británica de origen pakistaní cuya hija se había desviado de lo que se esperaba de ella. Estaba ambientada principalmente en una tienda de telas con algunas escenas en una mezquita, donde el abuelo de la chica estaba conspirando para matarla.

El clima político de entonces era muy distinto. Las respuestas que recibí en aquel entonces de diversas comunidades pakistaníes fueron «gracias por escribir sobre esto»; «mi hija pasó por una experiencia parecida»; «los hombres son unos chismosos y se esconden tras el velo de la mezquita».

Desde el 11 de septiembre el ambiente ha cambiado en Reino Unido, y un sentimiento de islamofobia posiblemente exagerado se ha adueñado de nuestro país, por lo que la exposición de comunidades musulmanas a temas delicados conduce, como es comprensible, a sentimientos de hostilidad.

Mi obra Bells nos introduce en el sórdido mundo de los clubs de mujra (cortesanas), una tradición centenaria en Pakistán de la cual una versión pervertida ha reaparecido en Reino Unido y está proliferando gracias a las redes de trata. Una carnicería halal durante el día, Bells se convierte por la noche, en el piso de arriba, en un club solo para hombres en el que chicas vestidas con el atuendo tradicional bailan de forma seductora para los clientes que arrojen dinero a sus pies, y van más allá con los que pagan más. Bells tiene toda la chispa de Lollywood, pero la realidad de las vidas secretas que oculta deslustran todo el glamour y el oropel: se trata de un lugar en el que se compra y se vende carne. Bells cuenta la historia de una chica pakistaní, Aiesha, a la que han traído a Reino Unido contra su voluntad a trabajar en un club de cortesanas del este de Londres. Descubrir que este mundo está vivo y coleando aquí, en este país, quién sabe si a la vuelta de la esquina, es un fascinante choque cultural y una realidad a la que hemos de enfrentarnos para proteger a las personas vulnerables a las que afecta.

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Sectores de la prensa nacional se hicieron eco de Bells como «una obra de teatro sobre burdeles musulmanes», una forma sensacionalista de resumirlo que colocaba el foco de forma exagerada en la religión, en detrimento de las circunstancias desesperadas de las mujeres. El Birmingham Rep Theatre recibió amenazas de disturbios en la noche del estreno hace dos años. El teatro había dispuesto medidas especiales para protegernos tanto a mí como a los empleados del teatro y a los actores, y tomaron una decisión positiva al asegurarme de que, pasase lo que pasase, no cederían ante los manifestantes ni cancelarían la función —no como con Bezhti, cuya cancelación en 2004 tras las protestas de algunos miembros de la comunidad sij causó gran revuelo—. No obstante, personalmente yo sufrí durante de la gira nacional y después de terminar esta: hombres asiáticos jóvenes me abuchearon y gritaron obscenidades, hubo ancianos que me escupían y comentarios repugnantes sobre mí y mi familia en varios blogs. Mi coche explotó en un ataque de incendio provocado. Más adelante me enteré de que podría haber sido un castigo infligido por un fundamentalista jactándose de su superioridad moral, pues me veían como una «no creyente en Dios». Yo seguí declarando públicamente que no iba a dejarme amedrantar por unos matones, pero cuando estaba escribiendo mi obra In No Sense para el Theatre Royal Stratford el año pasado, me di cuenta de que me estaba censurando a mí misma, y temí no querer atraer futuros ataques de aquellos que se habían sentido insultados por mi «malvada» obra. Al principio creí que lo que tenía era bloqueo del escritor, pero, una vez reconocí que me estaba desmoronando bajo la presión de las expectativas de los medios y el miedo a los fundamentalistas religiosos, tuve que elegir entre callarme y aguantar o tratar de continuar y enfrentarme a los matones. No hubo sorpresas en cuanto a mi decisión.

A menudo nos recuerdan que los niños no nacen siendo malos: el impacto de la sociedad, la economía y las condiciones de salud de los primeros cinco años determinan el adulto en el que se convertirán. Ese adulto que después contribuirá a nuestras sociedades. A algunos de ellos los queremos; a otros los odiamos: Boris, Blair, Osama, Bush.

Algunos me odian, pero hay muchos más que me quieren. Tuve salud, dinero y amor en abundancia durante mis primeros cinco años de vida. Mi condicionamiento social no fue el habitual para una niña británica de ascendencia pakistaní.

Mi padre era un terrateniente analfabeto de Pakistán nacido en una familia con seis hijos varones; su madre era arrogante, peleona, una belleza. Tanto los vecinos del pueblo como los parientes les tenían miedo, a ellos, a su riqueza y su poder. Por lo visto, cuando era adolescente, mi padre tuvo una pelea infantil su hermano pequeño. En un arrebato de ira mi padre lo empujó; el niño cayó sobre un instrumento afilado de algún tipo para la cosecha y murió. Esta familia tan temida fue capaz de sobornar a la policía y colocar el cadáver en la casa de un vecino para que este cargase con la culpa. Poco después de aquello, mi padre emigró a Inglaterra para empezar una nueva vida. Como la mayoría de los inmigrantes de los sesenta, se puso a trabajar en una fábrica. Recuerdo la London Rubber Company en la que hacía guantes para fregar y condones. Mi padre no tenía hermanas de las que preocuparse; el honor, la dignidad, la dote eran conceptos lejanos, y cómo trataba a las hijas de otra gente nunca fue un problema para él.

En 1965 volvió a Pakistán y se casó con mi madre, una chica de ciudad, descarada y con una buena educación. Era un nuevo comienzo para mi padre, ahora que era un rico londinense de una familia terrateniente y adinerada. Mi padre la trajo a Londres, donde crio a su hijo «ilegítimo» de un romance anterior en Pakistán. Durante cinco años intentaron tener un hijo propio y, al final… ¡voilà! Una hija. Según lo recuerda mi familia, era el hombre más feliz del lugar, y mis recuerdos de cómo me trataba son los de un padre cariñoso y divertido que me adoraba, me llamaba su sher puttar («hijo tigre») y me enseñaba a defenderme por mí misma y, si alguien me pegaba, a «patearles las espinillas». Llevaba con orgullo una cicatriz con forma de media luna en la frente que al parecer eran marcas de dientes donde yo le había mordido una vez. Por ello me recompensó con alabanzas, abrazos y besos. ¡Sher puttar!

En presencia de mi padre, mis familiares agachaban la cabeza; en su ausencia, decían sin tapujos lo que pensaban de él y me trataban con resentimiento, incluso con odio, especialmente mi medio hermano «ilegítimo», que literalmente se hacía pis encima delante de mi padre. Mi madre no le tenía miedo: exploraba libremente los placeres de las tiendas de moda de Londres y salía de paseo con sus amigas. Puede que a ninguna feminista intelectual le parezca liberador, pero comparada con las mujeres de su entorno, llevaba una buena vida. De media, mis tías tuvieron hasta cinco hijos cada una. Trabajaban desde casa, en sus oscuros sótanos, cosiendo vestidos para patrones explotadores. Afortunadamente, a mi madre le vino bien la baja cantidad de espermatozoides de mi padre; de otro modo habría estado en una situación parecida a la de mis tías.

Mi madre siempre me equipaba con modernos pantalones de campana y minivestidos psicodélicos. También fantaseaba con ser peluquera, por lo que todos los sábados yo pasaba el rato sentada en la bañera, desnuda y tiritando, mientras ella hacía experimentos en mi pelo con unas tijeras de sastre. Mis primas me envidiaban por mi corte de pelo a lo paje, muy de moda, y yo las envidiaba a ellas porque yo quería tener dos trenzas largas, brillantes de aceite y con dos lazos rojo chillón.

Mis primos iban a la mezquita a aprender el Corán; pensaban en todas las excusas posibles para escurrir el bulto, pero sus padres, con ayuda del bastón del mulá, insistían en que de mayores serían paganos, abiertamente sexuales, indignos y no islámicos si no iban. Exactamente por estos ridículos temores, mi padre nos mantuvo a mí y a sí mismo bien alejados de la mezquita y de los sermones del mulá. Solo fingía que rezaba dos veces al año, en Eid, e incluso entonces usaba un gorro de rezo improvisado: un pañuelo blanco con un nudo atado en cada esquina. No estaba dispuesto a doblegarse a la pompa y los ropajes. Se oponía a la hipocresía y creía que la religión provocaba odio. Además, ser analfabeto tampoco ayudaba a restaurar su fe en las palabras coránicas, ni escritas ni habladas, y le molestaba el temido tabú que hay contra discrepar o debatir sobre ellas.

Las prioridades absolutas de mi padre, aparte de mi madre y yo, eran ganar dinero, comprar propiedades y ganar más dinero. Esto, creía él, haría que su sher puttar tuviera una dote a tener en cuenta. La escuela y la educación eran lo importante para él, y era en lo que yo debía concentrarme: no en las tareas domésticas ni en la religión, solo en jugar e ir a la escuela. En cuanto supe juntar las primeras letras y formar palabras, recuerdo que tuve que empezar a leer su correo. Había palabras de mayores como «alquiler» y «propiedad vitalicia», nada de «Pepito y Juanita fueron de paseo».

Las cosas cambiaron dramáticamente en el quinto año de mi vida. Lo que deberían haber sido unas felices vacaciones en familia en Pakistán terminaron siendo el inicio de algunos de los peores años de mi vida.

Sin consultarlo con mi padre, mi madre le dio sus joyas de oro a un familiar pobre. El oro nunca benefició a esta familia concreta, ya que se lo robó un ladrón de tres al cuarto. Todo esto a mi padre le pareció demasiado extraño para ser verdad. Se sintió traicionado por su mujer. Como éramos inseparables, mi madre me dejó unos días con mi padre en nuestro pueblo natal y se marchó a casa de su madre en la ciudad de Jhelum, hasta que se le pasase el enfado. En su ausencia, mi padre se casó con una mujer del pueblo de al lado y la metió de forma ilegal en Londres utilizando el pasaporte de mi madre. Un plan astuto, debieron de pensar.

Mi madre, con las ventajas de su bachiller y su nivel básico de inglés, se las arregló para volver a entrar en Inglaterra por su cuenta y después de un juicio ganó la custodia sobre mí a tiempo completo, mientras mi padre solo obtuvo acceso los fines de semana. No muchas mujeres pakistaníes habrían humillado así a sus maridos en el Londres de los años setenta.

Nunca nadie había desafiado así a mi padre en su vida, y ahí estaba esa mujer, su propia esposa, haciendo precisamente eso: un insulto terrible.

Los fines de semana notaba mi lealtad dividida. No podía soportar separarme de mi madre, así que me negaba a visitar a mi padre. Mi madre necesitaba un poco de tranquilidad; trabajaba a tiempo completo en una tienda de fish & chips y normalmente estaba exhausta. Mi padre solía aparecer religiosamente cada día de cada fin de semana, todo para que yo lo rechazase cada vez.

Un día volví a casa del colegio para descubrir a la policía sacando de allí el cuerpo sin vida de mi madre. Había sido asesinada. Más tarde me enteré de que el asesino había puesto la habitación para que pareciese un burdel. Fue el sello definitivo de deshonra sobre una mujer. Abandoné la habitación que tenía mi madre alquilada en Leyton y, cogida de la mano de mi padre, empecé mi nueva vida con su nueva mujer.

Los prejuicios raciales de la policía de mediados de los años setenta y su falta de comprensión cultural en el momento de la muerte de mi madre supusieron que el caso de su asesinato nunca se resolvió. Acusaron a mi padre, pero fue absuelto. Yo caminaba por mi barrio y veía fotos de mi madre pegada en vallas publicitarias, escaparates, en las puertas de los cines, pero nunca me permitieron reconocer la presencia de los carteles ni pronunciar una sola palabra de mi madre nunca más. (¿Era una estrella que me había dejado por los focos brillantes de la televisión? ¿…por Los ángeles de Charlie?)

Pasé unos años muy infelices con mi padre y su nueva familia, sin decir mucho, escondiendo los secretos familiares, protegiendo a la gente que me maltrataba física y mentalmente de la ira de mi padre. Si se lo contaba a alguien, siempre temía que el castigo último para ellos sería la muerte. Odiaba a esta gente por lo que me hacían, lloraba hasta quedarme dormida en muchas ocasiones sin saber qué hacer, a quién contárselo, pues no quería que nadie más de mi familia se muriese. Y, en cierto modo, vivía con miedo de todas las posibles represalias de mi padre, que me quería con locura y nunca me haría daño ni permitía que nadie siquiera me levantase la voz.

Ansiaba tener hermanos y hermanas. En el colegio fingía que tenía «una vida normal» hablando de mi padre como si fuese mi madre. Mi curiosidad me estaba abocando cada vez más y más al silencio y a ser invisible, para poder escuchar a mis familiares susurrándose en secreto historias sobre mi madre. Cuando reconocían mi presencia, me saludaban con halagos sobre mi belleza y con tonos de compasión y lástima. Nadie fue nunca lo bastante valiente para enfrentarse a mi padre, hablar de mi madre muerta y defenderme de la «madrastra malvada». Quizá eran cobardes, hipócritas, egoístas y chismosos. Yo tenía demasiado miedo para contarle a mi padre lo infeliz que era, y aun así era a quien estaba más unida. Sí se lo conté a mis tías y tíos, que dijeron que si yo decía algo, mi padre mataría a mi madrastra y a mi hermanastro por hacerme daño. Así que lo único que me quedaba para asegurarme de que todo el mundo seguía a salvo era persuadir a los Servicios Sociales de que me pusieran en un régimen de acogida. Me llevó tiempo convencerles, pero al final me escucharon.

Conseguí que me raptasen de mi familia pakistaní y me diesen a la familia más preciosa que cualquiera pudiera soñar. Es cierto: el Príncipe Azul nunca vino a mi puerta con un zapato de cristal, pero al final terminé con algo mucho más especial y preciado. He estado con ellos desde entonces; han hecho que casi todos mis sueños sean realidad. Tengo una madre política y poderosa, enrollada y bellísima, un padre muy guapo que es el alma más dulce del mundo y tres hermanos y tres hermanas a quienes adoro. Biológicamente no soy mestiza; pero mentalmente y socialmente soy medio inglesa y medio pakistaní, y muy orgullosa de ser ambas. Mi herencia es musulmana, pero no profeso ninguna religión.

Fui censurada por el miedo durante gran parte de mi vida, hasta que un día, a los 14 años, escribí a mi padre biológico y le conté exactamente cómo me sentía, le conté explícitamente lo que me había pasado cuando vivía con él, que mis nuevos padres ingleses eran perfectos y que volvía a estar a salvo. Mi padre, el hombre al que todo el mundo temió durante toda su vida por ser tan directo y por su reputación de presunto asesino, se marchitó, se convirtió en un despojo de lágrimas y murió unos pocos años más tarde. Y nosotros vivimos felices para siempre… o casi.

Incluso con el apoyo, la seguridad y la paz de mi familia adoptiva, aún continúo viviendo una vida en la que no todo es fácil. He vivido tiempos coloridos, difíciles y divertidos, llenos de amor, risas y alguna lágrima ocasional, pero no como en mi infancia más temprana.

Soy una trabajadora social y monitora juvenil con una fantástica vida social. He conocido a tantísima gente a nivel local, nacional e internacional que han vivido horribles experiencias de explotación, abuso, violencia, injusticia social y económica, tortura, fundamentalismo, intolerancia. Si no puedo ayudarlos por medio de mi propia intervención personal, puedo hacerlo no callándome, cuestionando lo que los medios y el gobierno nos intentan colar, explorando y cuestionando los problemas por medio del cine y el teatro para llamar la atención de quienes están en posiciones de poder y animarlos a cambiar las cosas; desde el «matón del patio», la «familia», el «terrorista» o el «político» hasta la «víctima». De otro modo, no seré mucho mejor que mis tíos y tías, que la policía y los jueces, que estuvieron ahí sin hacer nada durante años, bien ignorando o bien observando lo que me pasaba y susurrando su preocupación detrás de puertas cerradas, por miedo a los dictadores y a los chismorreos. El deshonor y la corrección política son compañeros de la censura: debemos superarlos con cualquier medida no violenta que sea efectiva. Las culturas, los estados políticos y las religiones deben considerar sus indecibles con la esperanza de que sus respuestas se vuelvan decibles, y eso pasa por cuestionar nuestros propios indecibles también.

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Yasmin Whittaker-Khan es dramaturga. Para más información, escribe a [email protected].

 

This article originally appeared in the summer 2007 issue of Index on Censorship magazine

Traducción de Arrate Hidalgo

[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row content_placement=”top”][vc_column width=”1/3″][vc_custom_heading text=”What New Labour did for free speech” font_container=”tag:p|font_size:24|text_align:left” link=”url:https%3A%2F%2Fwww.indexoncensorship.org%2F2007%2F06%2Fwhat-new-labour-did-for-free-speech%2F|||”][vc_column_text]Index takes a critical look at the health of free speech in the UK on New Labour’s tenth birthday in power. New restrictions on what you can say — and where you can say it — mean we have to mind our language more than we used to. Has the UK become a less tolerant society? How much has been sacrificed in the name of national security? Leading commentators examine the defining influences of the decade on free speech in the UK and assess how far new Labour has delivered on its promises to introduce more open government.

With: Alistair Beaton; A C Grayling; Peter Wright[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=”1/3″][vc_single_image image=”89177″ img_size=”medium” alignment=”center” onclick=”custom_link” link=”https://www.indexoncensorship.org/2007/06/what-new-labour-did-for-free-speech/”][/vc_column][vc_column width=”1/3″ css=”.vc_custom_1481888488328{padding-bottom: 50px !important;}”][vc_custom_heading text=”Subscribe” font_container=”tag:p|font_size:24|text_align:left” link=”url:https%3A%2F%2Fwww.indexoncensorship.org%2Fsubscribe%2F|||”][vc_column_text]In print, online. In your mailbox, on your iPad.

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Perdiendo el papel

[vc_row][vc_column][vc_custom_heading text=”La escasez de papel de periódico en Venezuela ha obligado a algunos periódicos a cerrar, pero los medios digitales se están expandiendo con rapidez para ocupar su lugar y mantener a la gente al tanto de las últimas noticias. Luis Carlos Díaz informa desde Caracas”][vc_row_inner][vc_column_inner][vc_column_text]

Un hombre vende periódicos en Caracas, Venezuela, FStoplight/iStock

Un hombre vende periódicos en Caracas, Venezuela, FStoplight/iStock

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En mayo, El Impulso, un periódico venezolano con más de 110 años de andadura, anunciaba su cierre. No era la primera vez. Hicieron un anuncio parecido en enero, y otro en febrero. Cada vez, los periodistas trabajaban a destajo, las páginas seguían maquetándose y había noticias de sobra. Pero algo detenía a las imprentas: no había papel.

El papel escasea en Venezuela desde hace dos años. En 2013 cerraron 10 periódicos, y muchos más han reducido su tamaño.
Los noticieros digitales están tomando el relevo y muchos periódicos han tenido que reexaminar su estrategia. El Correo del Caroni pasó de tener 32 páginas a ocho y El Nacional redujo su sección de noticias, eliminó las de cultura y deporte y se deshizo de las revistas y el suplemento literario. Hasta el Diario Vea, favorable al gobierno, anunció varias veces que estaba condenado, aunque fue rescatado más adelante.

Internet se ha convertido en el lugar donde la información procedente de todas partes del país fluye de forma más libre y espontánea. En Venezuela, un país de 29 millones de habitantes, internet solo llega al 54% de la población, pero proliferan los emprendedores digitales a medida que la gente intenta atraer a nuevos usuarios. Los ejemplos son abundantes. Entre los nuevos sitios de noticias se encuentra Poderopedia.org, lanzado en junio por un periodista de la prensa tradicional que, descontento con la situación, buscaba investigar los vínculos entre la clase política, los empresarios y los oficiales del ejército.

SIC, la revista más antigua del país, dirigida por un centro político jesuita de Caracas, ha decidido imprimir con pérdidas este año mientras trabaja en una estrategia de digitalización. La revista se enfrenta además al reto de atraer a sus suscriptores —de 56 años de media— a lo digital. La diferencia clave entre el paisaje mediático de Venezuela y el del resto del mundo es que, cuando la gente habla del fin del periodismo impreso en otros lugares, normalmente se trata de un debate sobre el cambio tecnológico; en Venezuela, es diferente. Allí, la migración a plataformas digitales es una manera de atenuar una crisis por la falta física de papel.

Fue Andiarios, una organización periodística sin ánimo de lucro de Colombia, quien rescató a El Impulso al intervenir con un envío urgente de papel. «Esto nos permitió imprimir un mes más», dice Carlos Eduardo Carmona, el presidente del diario. «Seguimos sobreviviendo día a día. Los jefes de sección se sienten como bomberos aquí, controlando emergencias constantemente».

La inflación en Venezuela ya era incapacitante (la tasa oficial en 2013 era del 60%), pero entre junio de 2013 y enero de 2014, el coste de imprimir en el país se encareció un 460%.

La carestía de papel no es más que una de las muchas peculiaridades de Venezuela. Esta economía basada en el petróleo ha formado un estado con un punto débil crónico en su mismo centro. Poco se produce de forma doméstica; casi todo es importado, incluso medicinas, alimentos básicos y recambios de automóvil. Y estos productos no se pueden comprar libremente en el mercado internacional. Todas las adquisiciones tienen que hacerse a través del estado, lo que crea un sistema extremadamente complicado que puede llevar a la escasez.

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La economía de Venezuela: cómo funciona

 

En 2003, el entonces presidente Hugo Chávez puso en marcha una ley de cambio de divisas internacionales que convirtió al gobierno en único administrador de la compraventa de dólares, al provenir estos de la industria estatal del petróleo. La ley estaba pensada para evitar la fuga de capitales y controlar el precio de alimentos básicos. Al mantener los dólares a un precio subvencionado por el gobierno, es más barato importar productos que producirlos en el país.

Actualmente Venezuela cuenta con cuatro tasas de cambio: la Tasa Cencoex, a 6,30 bolívares por dólar (solo para importaciones del estado); la Tasa Sicad 1, a 10 bolívares por dólar (en ventas a empresas controladas por el estado); la Tasa Sicad 2, a 50 bolívares por dólar (en ventas a ciudadanos controladas por el estado), y la tasa del mercado negro, que va de 65 a 80 bolívares por dólar: una tasa ilegal que, pese a no ser oficial, es común en la calle. El estado ha intentado centralizar todas las variables económicas, pero no le ha salido bien.

[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]

El presidente Hugo Chávez pasó en 2003 una ley de cambio de divisas extranjeras que hace que sea el gobierno el único organismo habilitado para administrar la compraventa de dólares. Además, el gobierno también tiene una lista de productos prioritarios para los que concede el uso de dólares y en agosto de 2012 decidió eliminar al papel de la lista, incrementando los costes y las dificultades para el que intentase importarlo.

El efecto no empezó a notarse hasta un año después, cuando se hizo evidente que los suministros de papel se habían agotado y la carestía de papel higiénico a nivel nacional saltó a los titulares de todo el mundo. El daño sufrido por la industria del periódico, sin embargo, fue duradero. Los grandes diarios del país redujeron su número de páginas durante los siguientes seis meses, deshaciéndose de secciones y suplementos enteros.

Aunque fue en 2012, con la decisión del gobierno, cuando comenzó la crisis per se, esta se exacerbó por una sucesión de protestas que se iniciaron en febrero de 2014. Una serie de manifestaciones juveniles que exigían la dimisión del gobierno se tornaron rápidamente en enfrentamientos violentos, en los que hubo 42 muertos y más de 3.000 arrestos. En las semanas previas a las protestas, se habían celebrado manifestaciones de periodistas y estudiantes de periodismo en Caracas, Barquisimeto y Ciudad Guayana, acompañadas de una campaña en las redes sociales. El Bloque de Prensa, una organización de editores afiliados, calculó que existía una deuda a proveedores de al menos 15 millones de dólares estadounidenses.

El gobierno respondió centralizando la compra de papel un día antes de la protesta de más envergadura. A raíz de ello, ahora solamente existe una entidad autorizada para comprar papel al extranjero, y todos los periódicos y la industria editorial dependen de ella para obtener su suministro.

Carmona, de El Impulso, afirma que el proveedor de papel del estado solo cubre la mitad de la demanda de papel del país. Al contrario que otros periódicos, no se ha sentido presionado aún a cambiar su postura editorial oposicionista, pero el tamaño del diario sí se ha reducido de 48 páginas a 12 o 16. «No queremos cerrar, pero tampoco queremos formar parte de un conjunto mediático pírrico con presencia limitada. Ya no tengo espacio para reportajes. Hemos recortado información, reducido el tamaño de la tipografía y el interlineado. Tenemos menos imágenes y las noticias son telegráficas y de peor calidad, pero al menos seguimos funcionando».

Estadísticas oficiales sobre compras de dólares de enero a abril de 2014 revelan que se aprobaron 7,41 millones de dólares estadounidenses para papel destinado a los medios. Y el 85% de esta cantidad (6,3 millones de dólares) fue para Últimas Noticias, el periódico de mayor circulación del país, comprado en 2013 con capital vinculado al gobierno. Tras la adquisición, Últimas Noticias cambió su postura editorial a una progubernamental. Desde aquello, muchos de sus periodistas principales han dimitido o han sido despedidos.

Miguel Henrique Otero es editor jefe de El Nacional, actualmente el único periódico opuesto al gobierno en Caracas desde que El Universal se vendiera en julio. «El gobierno sabe perfectamente cuáles son las necesidades de los diarios. Saben que aprobaron divisas para comprar papel, pero no pagan por motivos desconocidos, que suponemos son políticos. Lo único que han de hacer es comprar una cadena mediática, una que se doblegue ante ellos, para que empiece a fluir el dinero», dice Otero.

Mariaengracia Chirinos, investigadora de comunicaciones y miembro del Instituto Prensa y Sociedad Venezuela, cree que la escasez de papel afecta más a los lectores que a las empresas: «La información ahora llega a medias. Tiene que recurrir a otros espacios y a la autoedición, que a veces es bueno, pero cuando es una respuesta a ciertas restricciones, también puede afectar la capacidad de la ciudadanía para elegir de dónde obtienen la información».

La polarización ha sido intensa en Venezuela desde el golpe de estado de 2002, pero las últimas elecciones en 2013, tras la muerte del divisivo líder Hugo Chávez, han acrecentado la frustración de los activistas de la oposición, al disputar los resultados (el margen de victoria de Nicolás Maduro fue solo del 1,49%). Fernando Giuliani, psicólogo social, explica que «la polarización es tan extrema que los medios del estado no dejan nada de espacio para temas de la oposición, ni en las noticias ni en opinión. Hemos quemado los puentes y ya no queda sitio para el diálogo».

Lo que Venezuela necesita por encima de todo es la puesta en marcha de canales de información que sean fiables y consigan acrecentar la fidelidad del público. Para los medios venezolanos, al ser los costes tan altos, la cantidad de lectores prima por encima de la calidad del contenido. Hoy por hoy, todos los usuarios digitales del país navegan sin ayuda por el complejo ambiente mediático, buscando el modo de procesar la información en un entorno en el que es difícil dilucidar las jerarquías que dominan las redes. Lo que tenemos no basta para enterarnos de lo que está pasando, pero sí está empoderando a la ciudadanía para decidir por sí misma.

[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]

Luis Carlos Díaz es un periodista venezolano radicado en Caracas.

This article originally appeared in the autumn 2014 issue of Index on Censorship nagazine

Traducción de Arrate Hidalgo

[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row content_placement=”top”][vc_column width=”1/3″][vc_custom_heading text=”Seeing the future of journalism” font_container=”tag:p|font_size:24|text_align:left” link=”url:https%3A%2F%2Fwww.indexoncensorship.org%2F2014%2F09%2Fseeing-the-future-of-journalism%2F|||”][vc_column_text]While debates on the future of the media tend to focus solely on new technology and downward financial pressures, we ask: will the public end up knowing more or less? Who will hold power to account? The subject is tackled from all angles, from our writers from across the globe.

With: Iona Craig, Taylor Walker, Will Gore[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=”1/3″][vc_single_image image=”80562″ img_size=”medium” alignment=”center” onclick=”custom_link” link=”https://www.indexoncensorship.org/2014/09/seeing-the-future-of-journalism/”][/vc_column][vc_column width=”1/3″ css=”.vc_custom_1481888488328{padding-bottom: 50px !important;}”][vc_custom_heading text=”Subscribe” font_container=”tag:p|font_size:24|text_align:left” link=”url:https%3A%2F%2Fwww.indexoncensorship.org%2Fsubscribe%2F|||”][vc_column_text]In print, online. In your mailbox, on your iPad.

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Directive on copyright in the Digital Single Market “destined to become a nightmare”

[vc_row][vc_column][vc_column_text]

Brussels, 26 April 2018

OPEN LETTER IN LIGHT OF THE 27 APRIL 2018 COREPER I MEETING

Your Excellency Ambassador, cc. Deputy Ambassador,

We, the undersigned, are writing to you ahead of your COREPER discussion on the proposed Directive on copyright in the Digital Single Market.

We are deeply concerned that the text proposed by the Bulgarian Presidency in no way reflects a balanced compromise, whether on substance or from the perspective of the many legitimate concerns that have been raised. Instead, it represents a major threat to the freedoms of European citizens and businesses and promises to severely harm Europe’s openness, competitiveness, innovation, science, research and education.

A broad spectrum of European stakeholders and experts, including academics, educators, NGOs representing human rights and media freedom, software developers and startups have repeatedly warned about the damage that the proposals would cause. However, these have been largely dismissed in rushed discussions taking place without national experts being present. This rushed process is all the more surprising when the European Parliament has already announced it would require more time (until June) to reach a position and is clearly adopting a more cautious approach.

If no further thought is put in the discussion, the result will be a huge gap between stated intentions and the damage that the text will actually achieve if the actual language on the table remains:

  • Article 13 (user uploads) creates a liability regime for a vast area of online platforms that negates the E-commerce Directive, against the stated will of many Member States, and without any proper assessment of its impact. It creates a new notice and takedown regime that does not require a notice. It mandates the use of filtering technologies across the board.

  • Article 11 (press publisher’s right) only contemplates creating publisher rights despite the many voices opposing it and highlighting it flaws, despite the opposition of many Member States and despite such Member States proposing several alternatives including a “presumption of transfer”.

  • Article 3 (text and data mining) cannot be limited in terms of scope of beneficiaries or purposes if the EU wants to be at the forefront of innovations such as artificial intelligence. It can also not become a voluntary provision if we want to leverage the wealth of expertise of the EU’s research community across borders.

  • Articles 4 to 9 must create an environment that enables educators, researchers, students and cultural heritage professionals to embrace the digital environment and be able to preserve, create and share knowledge and European culture. It must be clearly stated that the proposed exceptions in these Articles cannot be overridden by contractual terms or technological protection measures.

  • The interaction of these various articles has not even been the subject of a single discussion. The filters of Article 13 will cover the snippets of Article 11 whilst the limitations of Article 3 will be amplified by the rights created through Article 11, yet none of these aspects have even been assessed.

With so many legal uncertainties and collateral damages still present, this legislation is currently destined to become a nightmare when it will have to be transposed into national legislation and face the test of its legality in terms of the Charter of Fundamental Rights and the Bern Convention.

We hence strongly encourage you to adopt a decision-making process that is evidence-based, focussed on producing copyright rules that are fit for purpose and on avoiding unintended, damaging side effects.

Yours sincerely,
The over 145 signatories of this open letter – European and global organisations, as well as national organisations from 28 EU Member States, represent human and digital rights, media freedom, publishers, journalists, libraries, scientific and research institutions, educational institutions including universities, creator representatives, consumers, software developers, start-ups, technology businesses and Internet service providers.

EUROPE

1. Access Info Europe

2. Allied for Startups

3. Association of European Research Libraries (LIBER)

4. Civil Liberties Union for Europe (Liberties)

5. Copyright for Creativity (C4C)

6. Create Refresh Campaign

7. DIGITALEUROPE

8. EDiMA

9. European Bureau of Library, Information and Documentation Associations (EBLIDA)

10. European Digital Learning Network (DLEARN)

11. European Digital Rights (EDRi)

12. European Internet Services Providers Association (EuroISPA)

13. European Network for Copyright in Support of Education and Science (ENCES)

14. European University Association (EUA)

15. Free Knowledge Advocacy Group EU

16. Lifelong Learning Platform

17. Public Libraries 2020 (PL2020)

18. Science Europe

19. South East Europe Media Organisation (SEEMO)

20. SPARC Europe

AUSTRIA

21. Freischreiber Österreich

22. Internet Service Providers Austria (ISPA Austria)

BELGIUM

23. Net Users’ Rights Protection Association (NURPA)

BULGARIA

24. BESCO – Bulgarian Startup Association

25. BlueLink Foundation

26. Bulgarian Association of Independent Artists and Animators (BAICAA)

27. Bulgarian Helsinki Committee

28. Bulgarian Library and Information Association (BLIA)

29. Creative Commons Bulgaria

30. DIBLA

31. Digital Republic

32. Hamalogika

33. Init Lab

34. ISOC Bulgaria

35. LawsBG

36. Obshtestvo.bg

37. Open Project Foundation

38. PHOTO Forum

39. Wikimedians of Bulgaria

CROATIA

40. Code for Croatia

CYPRUS

41. Startup Cyprus

CZECH REPUBLIC

42. Alliance pro otevrene vzdelavani (Alliance for Open Education)

43. Confederation of Industry of the Czech Republic

44. Czech Fintech Association

45. Ecumenical Academy

46. EDUin

DENMARK

47. Danish Association of Independent Internet Media (Prauda) ESTONIA

48. Wikimedia Eesti

FINLAND

49. Creative Commons Finland

50. Open Knowledge Finland

51. Wikimedia Suomi

FRANCE

52. Abilian

53. Alliance Libre

54. April

55. Aquinetic

56. Conseil National du Logiciel Libre (CNLL)

57. France Digitale

58. l’ASIC

59. Ploss Auvergne-Rhône-Alpes (PLOSS-RA)

60. Renaissance Numérique

61. Syntec Numérique

62. Tech in France

63. Wikimédia France

GERMANY

64. Arbeitsgemeinschaft der Medieneinrichtungen an Hochschulen e.V. (AMH)

65. Bundesverband Deutsche Startups

66. Deutscher Bibliotheksverband e.V. (dbv)

67. eco – Association of the Internet Industry

68. Factory Berlin

69. Initiative gegen ein Leistungsschutzrecht (IGEL)

70. Jade Hochschule Wilhelmshaven/Oldenburg/Elsfleth

71. Karlsruhe Institute of Technology (KIT)

72. Landesbibliothekszentrum Rheinland-Pfalz

73. Silicon Allee

74. Staatsbibliothek Bamberg

75. Ubermetrics Technologies

76. Universitäts- und Landesbibliothek Sachsen-Anhalt (Martin-Luther-University Halle-Wittenberg)

77. University Library of Kaiserslautern (Technische Universität Kaiserslautern)

78. Verein Deutscher Bibliothekarinnen und Bibliothekare e.V. (VDB)

79. ZB MED – Information Centre for Life Sciences

GREECE

80. Greek Free Open Source Software Society (GFOSS)

HUNGARY

81. Hungarian Civil Liberties Union

82. ICT Association of Hungary – IVSZ

83. K-Monitor

IRELAND

84. Technology Ireland

ITALY

85. Hermes Center for Transparency and Digital Human Rights

86. Istituto Italiano per la Privacy e la Valorizzazione dei Dati

87. Italian Coalition for Civil Liberties and Rights (CILD)

88. National Online Printing Association (ANSO)

LATVIA

89. Startin.LV (Latvian Startup Association)

90. Wikimedians of Latvia User Group

LITHUANIA

91. Aresi Labs

LUXEMBOURG

92. Frënn vun der Ënn

MALTA

93. Commonwealth Centre for Connected Learning

NETHERLANDS

94. Dutch Association of Public Libraries (VOB)

95. Kennisland

POLAND

96. Centrum Cyfrowe

97. Coalition for Open Education (KOED)

98. Creative Commons Polska

99. Elektroniczna BIBlioteka (EBIB Association)

100. ePaństwo Foundation

101. Fundacja Szkoła z Klasą (School with Class Foundation)

102. Modern Poland Foundation

103. Ośrodek Edukacji Informatycznej i Zastosowań Komputerów w Warszawie (OEIiZK)

104. Panoptykon Foundation

105. Startup Poland

106. ZIPSEE

PORTUGAL

107. Associação D3 – Defesa dos Direitos Digitais (D3)

108. Associação Ensino Livre

109. Associação Nacional para o Software Livre (ANSOL)

110. Associação para a Promoção e Desenvolvimento da Sociedade da Informação (APDSI)

ROMANIA

111. ActiveWatch

112. APADOR-CH (Romanian Helsinki Committee)

113. Association for Technology and Internet (ApTI)

114. Association of Producers and Dealers of IT&C equipment (APDETIC)

115. Center for Public Innovation

116. Digital Citizens Romania

117. Kosson.ro Initiative

118. Mediawise Society

119. National Association of Public Librarians and Libraries in Romania (ANBPR)

SLOVAKIA

120. Creative Commons Slovakia

121. Slovak Alliance for Innovation Economy (SAPIE)

SLOVENIA

122. Digitas Institute

123. Forum za digitalno družbo (Digital Society Forum)

SPAIN

124. Asociación de Internautas

125. Asociación Española de Startups (Spanish Startup Association)

126. MaadiX

127. Sugus

128. Xnet

SWEDEN

129. Wikimedia Sverige

UK

130. Libraries and Archives Copyright Alliance (LACA)

131. Open Rights Group (ORG)

132. techUK

GLOBAL

133. ARTICLE 19

134. Association for Progressive Communications (APC)

135. Center for Democracy & Technology (CDT)

136. COMMUNIA Association

137. Computer and Communications Industry Association (CCIA)

138. Copy-Me

139. Creative Commons

140. Electronic Frontier Foundation (EFF)

141. Electronic Information for Libraries (EIFL)

142. Index on Censorship

143. International Partnership for Human Rights (IPHR)

144. Media and Learning Association (MEDEA)

145. Open Knowledge International (OKI)

146. OpenMedia

147. Software Heritage

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Index announces 2018 Freedom of Expression Awards winners

A public art project and website celebrating dissent in Cuba and a collective of young bloggers and web activists who give voice to the opinions of young people from all over the Democratic Republic of Congo are among the winners of the 2018 Index on Censorship Freedom of Expression Awards.

The winners, who were announced on Thursday evening at a gala ceremony in London, also include one of the only human rights organisations still operating in Egypt and an investigative journalist from Honduras who regularly risks her life for her right to report on what is happening in the country.

Awards were presented in four categories: arts, campaigning, digital activism and journalism.

The winners are: Cuban art collective The Museum of Dissidence (arts); the Egyptian Commission for Rights and Freedoms (campaigning); Habari RDC, a collective of young Congolese bloggers and activists (digital activism); and Honduran investigative journalist Wendy Funes (journalism).

From right: Human rights defenders Mohamed Sameh and Ahmad Abdallah of 2018 Freedom of Expression Campaigning Award-winning Egypt Commission on Rights and Freedoms; 2018 Freedom of Expression Journalism Award-winning Honduran investigative journalist Wendy Funes; Congolese digital activist Guy Muyembe of 2018 Freedom of Expression Digital Activism Award-winning Habari RDC; Perla Hinojosa, Fellowship and Advocacy Officer at Index on Censorship, holds the 2018 Freedom of Expression Arts Award for Cuban arts collective Museum of Dissidence, who could not attend the Freedom of Expression Awards. (Photo: Index on Censorship)

From right: Human rights defenders Mohamed Sameh and Ahmad Abdallah of 2018 Freedom of Expression Campaigning Award-winning Egypt Commission on Rights and Freedoms; 2018 Freedom of Expression Journalism Award-winning Honduran investigative journalist Wendy Funes; Congolese digital activist Guy Muyembe of 2018 Freedom of Expression Digital Activism Award-winning Habari RDC; Perla Hinojosa, Fellowship and Advocacy Officer at Index on Censorship, holds the 2018 Freedom of Expression Arts Award for Cuban arts collective Museum of Dissidence, who could not attend the Freedom of Expression Awards. (Photo: Index on Censorship)

“These winners deserve global recognition for their amazing work,” said Index on Censorship CEO Jodie Ginsberg. “Like all those nominated, they brave massive personal and political hurdles simply so that others can express themselves freely.”

Drawn from more than 400 public nominations, the winners were presented with their awards at a ceremony at The Mayfair Hotel, London, hosted by “stand-up poet” Kate Fox.

Actors, writers and musicians were among those celebrating with the winners. The guest list included The Times columnist and Chair of Index David Aaronovitch, BBC presenter Jonathan Dimbleby, comedian Shazia Mirza, social human rights activists Nimco Ali and Sara Khan, Serpentine Galleries CEO Yana Peel, poet Sabrina Mahfouz, Channel 4’s Lindsey Hilsum and more.

Winners were presented with cartoons created by Khalid Albaih, a Romanian-born Sudanese social media based political cartoonist who considers himself a virtual revolutionist.

Each of the award winners will become part of the fourth cohort of Freedom of Expression Awards fellows. They join last year’s winners — Chinese political cartoonist Rebel Pepper (arts); Russian human rights activist Ildar Dadin (campaigning); Digital collective Turkey Blocks (digital activism); news outlet Maldives Independent and its former editor Zaheena Rasheed (journalism) — as part of a world-class network of campaigners, activists and artists sharing best practices on tackling censorship threats internationally.

Through the fellowship, Index works with the winners – both during an intensive week in London and the rest of the awarding year – to provide longer term, structured support. The goal is to help winners maximise their impact, broaden their support and ensure they can continue to excel at fighting free expression threats on the ground.

This year’s panel of judges included Razia Iqbal, a journalist for BBC News, Tim Moloney QC, deputy head of Doughty Street Chambers, Yana Peel, CEO of the Serpentine Galleries, and Eben Upton CBE, a founder of the Raspberry Pi Foundation and CEO of Raspberry Pi.

Awards judge Eben Upton said: “”The ability to speak freely is a key foundation of democratic society and the rule of law: absent the ability to openly identify the abuse of power, extractive economic conditions, and exclusive political institutions, proliferate. This is why freedom of expression is so precious, and so often under attack from those in power.”

This is the 18th year of the Freedom of Expression Awards. Former winners include activist Malala Yousafzai, cartoonist Ali Ferzat, journalists Anna Politkovskaya and Fergal Keane, and  Bahrain Center for Human Rights.

Ziyad Marar, President of Global Publishing at SAGE said:  “The protection and promotion of free speech is a belief firmly entrenched within our values at SAGE. As both publisher of the magazine and sponsors of tonight’s awards, we are proud to support Index in their mission as they defend this right globally. We offer our warmest congratulations to those recognised and remain both humbled and awed by their inspirational achievements.”

Further details about the award winners are below.

For interviews with the award winners, who are in London until Friday 20 April, please contact Sean Gallagher at [email protected].

Photographs and other content related to the awards night will be available beginning 11am on Friday 20 April. Please contact Sean Gallagher at [email protected].

Index on Censorship is grateful for the support of the 2018 Freedom of Expression Awards sponsors: SAGE Publishing, Google, Private Internet Access, Edwardian Hotels, Vodafone, Vice News, Doughty Street Chambers and former Index Award-winning Psiphon.

Index on Censorship Freedom of Expression Awards 2018 – background on winners

Arts – The Museum of Dissidence (Cuba)

Perla Hinojosa, Fellowship and Advocacy Officer at Index on Censorship, holds the 2018 Freedom of Expression Arts Award for Cuban arts collective Museum of Dissidence, who could not attend the Freedom of Expression Awards. (Photo: Index on Censorship)

Perla Hinojosa, Fellowship and Advocacy Officer at Index on Censorship, holds the 2018 Freedom of Expression Arts Award for Cuban arts collective Museum of Dissidence, who could not attend the Freedom of Expression Awards. (Photo: Index on Censorship)

The Museum of Dissidence is a public art project and website celebrating dissent in Cuba. Set up in 2016 by acclaimed artist Luis Manuel Otero Alcántara and curator Yanelys Nuñez Leyva, their aim is to reclaim the word “dissident” and give it a positive meaning in Cuba. The museum organises radical public art projects and installations, concentrated in the poorer districts of Havana. Their fearlessness in opening dialogues and inhabiting public space has led to fierce repercussions: Nuñez was sacked from her job and Otero arrested and threatened with prison for being a “counter-revolutionary.” Despite this, they persist in challenging Cuba’s restrictions on expression.

CEO of Serpentine Galleries and 2018 Freedom of Expression Award judge Yana Peel said: The Museum of Dissidence in Cuba is incredibly important for the safe space that it is providing for unsafe ideas. It is a tremendous platform through which the great artists of Cuba bring Cuba to the global stage.”

Profile

Campaigning – The Egyptian Commission for Rights and Freedoms (Egypt). Award supported by Doughty Street Chambers

Human rights defenders Mohamed Sameh and Ahmad Abdallah of 2018 Freedom of Expression Campaigning Award-winning Egypt Commission on Rights and Freedoms. (Photo: Index on Censorship)

The Egyptian Commission for Rights and Freedoms is one of the few human rights organisations still operating in a country which has waged an orchestrated campaign against independent civil society groups. Egypt is becoming increasingly hostile to dissent, but ECRF continues to provide advocacy, legal support and campaign coordination, drawing attention to the many ongoing human rights abuses under the autocratic rule of President Abdel Fattah-el-Sisi. Their work has seen them subject to state harassment, their headquarters have been raided and staff members arrested. ECRF are committed to carrying on with their work regardless of the challenges.

CEO of Raspberry Pi and Freedom of Expression Awards 2018 judge Eben Upton said: “In an environment when organisations have had to step back or disappear altogether, they’ve managed to keep going and just that persistence over a period of time in a difficult environment is inspiring”.

Profile

Digital Activism – Habari RDC (Congo). Award sponsored by Private Internet Access

Congolese digital activist Guy Muyembe of 2018 Freedom of Expression Digital Activism Award-winning Habari RDC (Photo: Index on Censorship)

Congolese digital activist Guy Muyembe of 2018 Freedom of Expression Digital Activism Award-winning Habari RDC (Photo: Index on Censorship)

Launched in 2016, Habari RDC is a collective of more than 100 young Congolese bloggers and web activists, who use Facebook, Twitter and YouTube to give voice to the opinions of young people from all over the Democratic Republic of Congo. Their site posts stories and cartoons about politics, but it also covers football, the arts and subjects such as domestic violence, child exploitation, the female orgasm and sexual harassment at work. Habari RDC offers a distinctive collection of funny, angry and modern Congolese voices, who are demanding to be heard.

Journalist and 2018 Freedom of Expression Awards judge Razia Iqbal aid: “They’re doing something which is actually very hard to do, which is make sure that the future generation know what’s happening in their own country, are willing to speak to each other about it and be active politically”.

Profile

Journalism – Wendy Funes (Honduras). Award sponsored by VICE News

2018 Freedom of Expression Journalism Award-winning Honduran investigative journalist Wendy Funes. (Photo: Index on Censorship)

2018 Freedom of Expression Journalism Award-winning Honduran investigative journalist Wendy Funes. (Photo: Index on Censorship)

Wendy Funes is an investigative journalist from Honduras who regularly risks her life for her right to report on what is happening in the country, an extremely harsh environment for reporters. Two journalists were murdered in 2017 and her father and friends are among those who have met violent deaths in the country – killings for which no one has ever been brought to justice. Funes meets these challenges with creativity and determination. For one article she had her own death certificate issued to highlight corruption. Funes also writes about violence against women, a huge problem in Honduras where one woman is killed every 16 hours.

Journalist and 2018 Freedom of Expression Awards judge Razia Iqbal QC said:  “She is courageous in the face of death threats. She is courageous in the face of censorship. She is courageous just in terms of getting up every morning and saying I’m going to continue to do what I am doing.”

Profile

ABOUT THE FREEDOM OF EXPRESSION AWARDS AND FELLOWSHIP

The Index on Censorship Freedom of Expression Awards recognise those individuals and groups making the greatest impact in tackling censorship worldwide. Established 18 years ago, the awards shine a light on work being undertaken in defence of free expression globally. Often these stories go unnoticed or are ignored by the mainstream press. Through the fellowship, Index works with the winners – both during an intensive week in London and the rest of the awarding year – to provide longer term, structured support. The goal is to help winners maximise their impact, broaden their support and ensure they can continue to excel at fighting free expression threats on the ground.

ABOUT INDEX ON CENSORSHIP

Index on Censorship is a UK-based nonprofit that campaigns against censorship and promotes free expression worldwide. Founded in 1972, Index has published some of the world’s leading writers and artists in its award-winning quarterly magazine, including Nadine Gordimer, Mario Vargas Llosa, Samuel Beckett and Kurt Vonnegut. Index promotes debate, monitors threats to free speech and supports individuals through its annual awards and fellowship program.

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