In Britain, saying sex is immutable can be a sackable offence (The Economist)

Another explosion in the gender wars went off on December 18th, when an employment tribunal in London ruled that stating “gender-critical” beliefs—for instance, that the words “man” and “woman” properly refer to males and females rather than to anyone who identifies as such—are a legitimate reason to lose one’s job.

Jodie Ginsberg of Index on Censorship, which campaigns for freedom of expression, said she was “deeply worried about what this judgment means …

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There’s a new free speech crisis gripping the world—and governments aren’t helping (Prospect)

Scottish playwright Jo Clifford is no stranger to controversy. Her play, The Gospel According to Jesus, Queen of Heaven, casts Jesus as a trans woman, and first aired at Glasgow’s Tron in 2009 to a reception of applause—and protest. But there is controversy, and then there is outright danger. The same play was on tour in Brazil until recently, when a smoke bomb was thrown into the performance space and armed police invaded the theatre…

Read the full story in Prospect, by Jemimah Steinfeld, Index on Censorship Deputy Magazine Editor

El silencio de los medios

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Un soldado se desplaza por una calle de Valladolid, México. Imagen: johrling/Flickr

[/vc_column_text][vc_custom_heading text=”Los cárteles del narcotráfico mexicano se han servido de la violencia para silenciar a periodistas locales y convertirlos en peones de sus guerras territoriales. Stephen Woodman informa desde la frontera con Texas, donde Twitter se ha convertido en la única fuente que los capos de la droga no han intervenido”][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]

El 3 de mayo de este año, México conmemorará una vez más el Día Internacional de la Libertad de Prensa con un despliegue de columnas dedicadas a problemas relacionados con la libertad de expresión. Pero nadie espera que amaine la crisis mediática que tiene sepultada a Tamaulipas, la “tierra del silencio” del país, de triste fama.

En este estado fronterizo con Texas, los periódicos guardan silencio sobre la desenfrenada actividad de los cárteles en la región. Como alternativa, los lugareños recurren a cuentas anónimas de Twitter para informar de los últimos tiroteos y sitios.

En un país en el que los crímenes contra la prensa tienen en jaque a los medios locales, Tamaulipas ofrece una visión de pesadilla de lo que les depara el futuro: un estado en el que la violencia y la autocensura han dejado a los ciudadanos en la desinformación total.

En diciembre del pasado año dejaron una caja que contenía la cabeza y las manos seccionadas de un hombre sin identificar a la puerta de las oficinas del periódico Expreso de Ciudad Victoria, la capital del estado.

“El miedo es una constante —contó a Index un periodista del Expreso a condición de mantenerse en el anonimato—. Los criminales saben quién eres, dónde vives y cuántos familiares tienes. Lo saben todo”.

El silencio mediático inició su lento descenso en febrero de 2000 con el asesinato de Luis Roberto Cruz, un reportero de la revista Multicosas, en la ciudad fronteriza de Reynosa. Desde entonces han asesinado a otros trece periodistas en Tamaulipas, según Article 19, comité de vigilancia sobre libertad de expresión.

La violencia se intensificó en 2006 cuando unos asaltantes abrieron fuego contra las oficinas del periódico El Mañana en la ciudad de Nuevo Laredo, detonaron una granada y dejaron paralítico a un periodista. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos describió el suceso como “el primer ataque en utilizar armas y explosivos contra las instalaciones de un medio de comunicación durante la guerra del narcotráfico”.

El apagón mediático de Tamaulipas va unido a la ubicación estratégica del estado en la guerra del narco en la que está sumido el país. Los cárteles llevan mucho tiempo traficando con cocaína y otros tipos de contrabando a través del puerto de Altamira, en la costa del Golfo. Los 17 cruces de frontera con Texas también facilitan acceso al mercado estadounidense de drogas ilegales.

Las guerras por el territorio entre narcofacciones rivales arrasan el territorio desde que Los Zetas, un grupo paramilitar con lazos con el cártel del Golfo, se desvinculara de sus aliados hace casi 10 años. Desde entonces la prensa local se ha ido convirtiendo en peón en manos de los comandantes de los cárteles.

Los criminales fuerzan a las personas que trabajan en medios de comunicación a limitar la difusión de la violencia, de modo que puedan continuar sus actividades ilegales sin interrupciones y sin que el Gobierno despliegue más tropas o fuerzas policiales.

Sin embargo, en ocasiones los cárteles cometen actos deliberados de violencia para forzar una respuesta enérgica del Gobierno, una práctica conocida como «calentar» el territorio de un rival. En esas ocasiones, operativos de los cárteles exigen a los periódicos que envíen a sus reporteros a cubrir la noticia.

Ciertos periodistas amenazados, conocidos como “enlaces”, dirigen estas prácticas de abuso editorial. Los enlaces trabajan para los cárteles y se aseguran de que los periódicos publiquen algunas noticias y censuren otras.

Este elaborado sistema se expandió en respuesta a la intensidad del conflicto entre cárteles de Tamaulipas, explica Guadalupe Correa, autora del libro Los Zetas Inc.: “Hay grupos que están intensamente militarizados y el Gobierno va tas ellos. Eso genera alicientes para controlar la información como si se tratase de una guerra entre ejércitos”.

Las restricciones a la prensa hacen que muchos medios recurran a reporteros ciudadanos como la Loba Indomable.

Loba declaró para Index que lo que la motiva es un deseo de mantener a salvo a los ciudadanos respetuosos con la ley. Con todo, admite que el periodismo ciudadano tiene importantes desventajas: “No todas las cuentas de las redes sociales son de fiar. Hay cuentas que dicen estar vinculadas al ejército, pero no es cierto. Yo sé que son falsas, pero hay quienes tal vez caigan en la trampa”.

En los últimos años, los cárteles han intensificado sus ataques contra reporteros que trabajan en internet, Loba incluida.

Pero los jefes de los cárteles no son la única amenaza a la libertad de prensa de Tamaulipas. Los políticos también están decididos a silenciar las voces que se muestran críticas con ellos.

En enero del año pasado, unos asaltantes enmascarados asesinaron a puñaladas al columnista político Carlos Domínguez dentro de su coche, en un semáforo en rojo de Nuevo Laredo. El hijo del reportero fallecido, que también se llama Carlos Domínguez, cree que quien se halla tras el asesinato es el exalcalde de Nuevo Laredo. Arrestaron a seis sospechosos en conexión con el crimen, incluidos tres periodistas y el sobrino del exalcalde.

Domínguez explicó a Index que escribir sobre políticos era más peligroso para los periodistas que informar sobre los narcos, especialmente dado que los límites entre unos y otros cada vez son más difusos. Según dice: “Como sigan atacando a reporteros, se acabará cualquier tipo de información que le resulte molesta al Gobierno. No podemos afirmar que vivimos en una democracia si la libertad de expresión no está garantizada”.

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Tamaulipas no es el único estado mexicano en el que los medios locales son víctimas de los cárteles y los cargos políticos.

Según Article 19, 122 periodistas han resultado muertos en relación con su trabajo en el país desde el año 2000. Tres de cada cuatro de estos asesinatos se dieron en la frontera norte o en los estados del sur.

Plagadas de cárteles atraídos por sus pasos fronterizos y puertos marítimos, estas regiones sufren también una corrupción política generalizada.

En este entorno los periodistas locales sufren especial peligro: son el 95% de los asesinados por su trabajo informando para medios de comunicación locales, según el Comité para la Protección de los Periodistas. Dada esta tendencia, el peligro de que surjan más “zonas del silencio” en México es real.

El estado fronterizo de Chihuahua copó los titulares internacionales en 2017 cuando su diario más importante, Norte de Ciudad Juárez, cerró por motivos de seguridad. La publicación regresó con 15 ediciones especiales el año pasado, pero no ha recuperado la circulación diaria.

Donde más se ha disparado la violencia contra la prensa mexicana en los últimos años es la región pobre del sur. En el estado de Guerrero, los grupos criminales han buscado controlar cada vez más los medios locales a medida que la región se convierte en la principal proveedora de heroína de EE. UU.

Pero ninguna región se ha deteriorado tanto como el estado suroriental de Veracruz, que en 2012 se convirtió en el punto más mortífero para los periodistas del país. Justo debajo de Tamaulipas en el mapa, el estado tiene en común con este último el problema con los cárteles que asolan la costa del Golfo. Sin embargo, muchos reporteros de Veracruz siguen cubriendo tiroteos y masacres, en contraste con la actuación de sus colegas de Tamaulipas.

Según un informe de 2017 de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, “un sector pequeño de la prensa se mantuvo en sus trece e informó sobre estos incidentes”.

La negativa a aplicar la censura les ha salido cara. Diecisiete reporteros fueron asesinados desde 2010 hasta 2016, durante el mandato de Javier Duarte, exgobernador del estado, que actualmente cumple una condena de nueve años de prisión por corrupción.

“Durante el mandato de Duarte, redactar algunas noticias era como firmar tu propia sentencia de muerte”, explica Santos Solís, director general del periódico digital Oye Veracruz.

Según Solís, el “periodismo del miedo” que promovía Duarte ha persistido a pesar de su destitución del cargo: “Si el Gobierno no actúa, terminaremos como en Tamaulipas”, predice.

[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Stephen Woodman es editor colaborador en México para Index on Censorship. Vive en Guadalajara.

Traducción de Arrate Hidalgo[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][/vc_column][/vc_row]

Macho global leaders are using same techniques to stifle freedom of speech in democracies says Index report

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“They like to think of themselves as strongmen but what, in fact, they are doing is channeling the worst kind of machismo,” writes Index on Censorship editor-in-chief Rachael Jolley.

In the winter issue published today Index reports on how macho leaders, from Trump and Johnson to Modi and Bolsonaro, protect their fragile egos by stifling dissent, debate and democracy.

Jolley continues: “They are extremely uncomfortable with public criticism. They would rather hold a Facebook ‘press conference’ where they are not pressed than one where reporters get to push them on details they would rather not address.”

All around the world, these so called “strong men” have stormed the polls and are coming to power. Many are being voted in democratically, but they don’t believe in freedom of speech, and are actively eroding it. “Right now these techniques are coming at us from all around the globe, as if one giant algorithm is showing them the way,” writes Jolley as part of a special report on this global trend.

In this issue news editor Miriam Grace Go of Filipino news publication Rappler writes about how the president of the Philippines, Rodrigo Duterte, tries to show his strength by being as foul-mouthed as possible. If you’re a critical journalist – and especially a woman journalist – as she is, what can you expect?

Indian journalist Somak Goshal reports on how people are being labelled as “Pakistani terrorists” for not showing “patriotism”. And Stefano Pozzebon talks to journalists in Brazil who are right in the firing line of Jair Bolsonaro’s attacks on the media, and who are now hiring security guards.

Mark Frary reviews the tools that autocrats are using to crush dissent and Caroline Lees looks at smears that are used as a tactic to silence journalists and other critics. We also publish a poem from Hong Kong writer Tammy Lai-ming Ho, which addresses the current protests engulfing the city, plus two short stories written exclusively for the magazine by Kaya Genç and Jonathan Tel.

Editor’s Notes: Index on Censorship Magazine

For interviews contact: [email protected]

Since its establishment in 1972, Index on Censorship magazine has published some of the greatest names in literature including Samuel Beckett, Nadine Gordimer, Mario Vargas Llosa, Hilary Mantel and Kurt Vonnegut. It also has published some of the greatest campaigning writers of our age from Vaclav Havel to Amartya Sen and Ariel Dorfman plus journalism from Mexico, Argentina, South Africa, China, India, Turkey and more. Editor Rachael Jolley was named British Society of Editors’ editor of the year in the specialist publication category (2016) and the magazine has received numerous awards including the APEX Award for Excellence and the Hermann Kesten prize.

Digital editions are on sale at exacteditions.com/indexoncensorship

Print copies of the magazine are also on sale at BFI, Serpentine Gallery and MagCulture (London), News from Nowhere (Liverpool), Home (Manchester) and Red Lion Books (Colchester).

Launch Event

Shake off the post New Year blues with drinks, snacks and debate at Index on Censorship’s winter magazine launch. Guest speakers include Xiaolu Guo, Dora Papp, Lindsey Hilsum and Rob Sears. The event will be hosted by Index editor-in-chief Rachael Jolley on Wednesday 15 January at Google’s London HQ. For media invitations please email: [email protected]

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