TURKEY UNCENSORED
İshak Karakaş, encarcelado por tuitear sobre la operación de Turquía en Afrin
04 Sep 2018
BY BARIS ALTINTAS
İshak Karakas (Photo: Ahmet Tulgar)
İshak Karakas (Photo: Ahmet Tulgar)

İshak Karakaş, editor jefe del Halkın Nabzı, un semanario de Estambul, es un hombre madrugador. Normalmente se levanta antes del amanecer y, para las 8 de la mañana, ya ha vuelto de dar un largo paseo con su grupo de dispares amigos del barrio. Después se pone a consultar la prensa del día mientras desayuna, a la par que tuitea apasionadamente sobre las últimas noticias.

El 20 de enero, el ejército turco dio comienzo a una operación en Afrin, un enclave sirio bajo control kurdo, alegando que las fuerzas kurdas de la región son una extensión del Partido de los Trabajadores del Kurdistán, al cual Turquía considera una organización terrorista. Karakaş, como muchos otros, se echó a Twitter para criticar la incursión militar. Lo hizo por medio de su cuenta @ishakkakarakas_, que su hijo y abogado Uğur Karakaş ya ha cerrado.

«No hay ni un solo grupo del Estado Islámico en Afrin. ¿Por qué mentís?», preguntó a los políticos turcos, quienes afirmaban que las fuerzas kurdas en Siria son en realidad militantes del EI. «No os creáis la propaganda de la tele sobre Afrin», avisaba a sus conciudadanos en otro tuit. También retuiteó un artículo que aseguraba que el ejército turco había matado a civiles en la región.

Entonces fue cuando fueron a buscarlo.

«Rondaba la medianoche. Mi padre dormía. Yo no estaba en casa, pero mi madre, sí. La policía llegó y aporreó la puerta; decían tener una orden de registro», relata Karakaş, abogado defensor afincado en Estambul. Arrestaron a su padre el 26 de enero, acusado de «difundir propaganda terrorista» a través de Twitter. Actualmente se encuentra en la prisión de Silivri, sin acusación a la vista.

Un país sin humor

Karakaş no fue ni mucho menos el único en sufrir la ira del estado en guerra de Turquía. Según el ministerio del interior del país, para el 27 de febrero la policía ya había detenido a 845 personas por criticar la operación en Afrin (o por «difundir propaganda de una organización terrorista», como el ministerio prefiere describirlo), a la que Turquía ha nombrado oficialmente ‘Operación Rama de olivo’. Si bien el ministerio no ha revelado a cuántos de esos detenidos han acusado oficialmente y encarcelado, a juzgar por el hecho de que sus documentos judiciales indican que los ocho a los que prendieron junto a Karakaş fueron arrestados, es muy probable la cifra sea elevada.

Karakaş nació en 1960 en Diyarbakır. Tras completar la educación primaria empezó a trabajar como ayudante para camioneros a los 12 años. En 1989 se vio obligado a migrar a Estambul, como muchos otros kurdos en aquella época, junto a su mujer, Müzeyyen, y su primogénito, Uğur (Azad). Los otros hijos de la pareja, Umut y Ufuk, nacieron en la ciudad. «Es un patriota y siempre le ha interesado mucho la política», rememora Uğur Karakaş. Aunque trabajó en logística hasta que su empresa quebró tras a la crisis financiera turca de 2000, Karakaş siempre estuvo involucrado en política y escribía columnas para el medio pro-kurdo Özgür Gündem y el socialista Evrensel.

La vida en Estambul y Halkın Nabzı

A pesar de dedicarse al comercio desde que se mudó a Estambul, sacó tiempo para completar su educación secundaria con cursos a distancia. Según el registro de su interrogatorio, se encuentra actualmente cursando el segundo año de la carrera de sociología por Açıköğretim, una universidad turca de aprendizaje a distancia. También se aseguró de que sus hijos tuvieran mejores oportunidades en la vida: uno es abogado y el otro, médico. El menor está cursando una licenciatura de ingeniería informática.

«Incluso antes de ser periodista siempre le interesaron los problemas del país», asegura Ahmet Tulgar, un veterano reportero turco que lleva más de seis años publicando Halkın Nabzı junto a Karakaş. Sus caminos se cruzaron en charlas y reuniones antes de que decidiesen trabajar juntos oficialmente. Karakaş se quedó sin trabajo en logística y Tulgar dejó su empleo en el periódico BirGün en la segunda mitad de la década de los 2000. Fue entonces cuando los dos hombres fundaron una empresa de publicidad en el distrito Maltepe de Estambul, que es desde donde se publica Halkın Nabzı a día de hoy.

«Es un hombre familiar. Venía al trabajo después de su paseo matutino y por la tarde se iba derecho a casa. En 2013 decidimos que editaríamos juntos un periódico local, pero no iba a ser como esas publicaciones locales cuyas únicas noticias son cosas como dónde cenó el alcalde o las últimas aventuras amorosas de la gente poderosa de la comunidad», dice Tulgar.

Y así fue como nació Halkın Nabzı. Con distribución en el lado asiático de Estambul y financiado por negocios y municipios locales, el periódico semanal tiene una tirada de 10.000 ejemplares. Dada la visión y trayectoria de sus fundadores, no sorprende el énfasis de Halkın Nabzı en el periodismo de calidad: el periódico valora su independencia por encima de todo. Pone el foco en noticias locales al mismo tiempo que mantiene su relevancia en el debate nacional. Según Tulgar, la política editorial de Halkın Nabzı viene definida por «un periodismo de paz que engloba todos los segmentos de la sociedad y utiliza un estilo comprensible por todos». Y se apresura a añadir: «Los tuits de İshak no reflejan nuestra línea editorial, claro está».

Un hombre familiar

«Ya no es que hayan metido a un hombre como él en la cárcel, es que deberían recompensarlo por haber encontrado la fórmula para la paz en este país», dice Tulgar, que añade que los participantes de los paseos matutinos de Karakaş (Tulgar, que prefiere dormir por las mañanas, no es uno de ellos), provienen de contextos diversos y políticamente opuestos.

«Es un hombre de paz. Supongo que eso se puede decir de cualquiera, pero él quería ser un soldado de paz. Por desgracia, han metido en la cárcel a un hombre así», dice Tulgar. También se queja, bromeando, de que Uğur y él llevan unas semanas teniendo que recurrir a la comida rápida. «Siempre nos hacía el almuerzo en la oficina. A veces otra gente del edificio venía y nos preguntaba si podían comer un poco de lo que había cocinado, algún día que no encontraban nada bueno que encargar».

Para Tulgar, la ausencia de Karakaş supone mucho más que perderse un almuerzo sano y sustancioso. Durante el primer par de años que siguieron a la fundación del periódico, estuvieron prácticamente ellos solos. «Claro que es duro, después de pasar tanto tiempo juntos trabajando», admite, algo resentido con su amigo por haber tuiteado «irresponsablemente» .

Lo que Tulgar no cuenta es cómo ha compartido con su compañero encarcelado el estrés diario de lanzar una publicación, y cómo han tenido que hacer frente a la ansiedad que provoca tratar de producir periodismo de calidad en uno de los países más peligrosos para la profesión. Los dos hombres han librado batallas uno junto al otro, y ahora uno de ellos está en la cárcel.

Aunque imputasen a Karakaş, lo liberarían: si bien la propaganda está penada con dos años de prisión, sentencias así tienden a suspenderse bajo los procedimientos criminales turcos, según Uğur Karakaş.

«Tiene una familia inmensa. Ya es abuelo y tiene otro nieto de camino. Uğur se casa este verano», añade Tulgar.

En vista de la situación general en Turquía, en un país en el que hay 153 periodistas en prisión y hace solo dos semanas condenaron a seis de ellos a cadena perpetua sin libertad condicional, es un consuelo saber que Karakaş podría salir libre en su primer juicio.

Tulgar baja la voz y, más despacio, dice: «Murat Sabuncu de Cumhuriyet, una joya de hombre; Ahmet Şık, que es un buenísimo periodista y nunca ha buscado el beneficio personal ni la fama; Akın Atalay, están todos en la cárcel. Osman Kavala también está en la cárcel. Hay tantas bellísimas personas en prisión que da vergüenza quejarse y decir ‘pues mi amigo lleva mes y medio en la cárcel’».

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