MAGAZINE
Yemen: «Nadie nos escucha»
12 Jan 2018
BY LAURA SILVIA BATTAGLIA

El periodista yemení Abdulaziz Muhamad al Sabri detalla los peligros de ser reportero en su país. Laura Silvia Battaglia lo entrevista.

Members of the Catholic Worker movement take part in a vigil in Union Square Park, New York, for the people of Yemen, Felton Davis/Flickr

Miembros del Movimiento del Trabajador Católico participan en una vigilia, por el pueblo yemení en el parque de Union Square, Nueva York, Felton Davis/Flickr

Abdulaziz Muhamad al Sabri sonríe, pese a todo. Pero no puede evitar deprimirse cuando ve las fotos tomadas hace unos meses, en las que sale sujetando un teleobjetivo o preparando una cámara de vídeo sobre un trípode: «Los hutíes me las confiscaron. Me confiscaron todo el equipo. Aun si hubiera querido seguir trabajando, no habría podido».

Al Sabri es un periodista, cámara y cineasta yemení, oriundo de Taiz, la ciudad que fue durante un breve periodo el frente más sangriento de la guerra civil del país. Ha trabajado en las zonas de conflicto más peligrosas, proveyendo de material original a medios internacionales como Reuters y Sky News. «Siempre me ha gustado trabajar en el terreno», dice, «y la verdad es que estaba haciendo un muy buen trabajo desde el inicio de la revolución de 2011».

Pero, desde estallido de la guerra, el entorno de trabajo de los periodistas yemeníes ha ido deteriorándose progresivamente. En el caso más reciente, el veterano periodista Yahia Abdulrakib al Yubaihi fue juzgado a puerta cerrada y condenado a muerte después de que publicase artículos en los que criticaba a los rebeldes hutíes de Yemen. Muchos periodistas han desaparecido o han sido detenidos en los últimos años, además de los medios que han cerrado.

«La industria mediática y los que trabajan en Yemen se enfrentan a una máquina de guerra que nos cierra todas las puertas en las narices y controla todas las agencias de noticias locales e internacionales. Los ataques y agresiones que sufrimos han afectado al 80% de la gente empleada en estas profesiones, sin contar a los periodistas que ya han sido asesinados, y se han dado unos 160 casos de agresiones, ataques y secuestros. Muchos periodistas han tenido que abandonar su país para seguir con vida. Como mi queridísimo amigo Hamdan al Bukari, que trabajaba para Al Jazeera en Taiz».

Al Sabri quería contar su historia a Index on Censorship con pelos y señales «porque no hay nada más que podamos hacer, excepto denunciar lo que está pasando, aunque nadie nos escuche». Habla de la intimidación sistemática por parte de las milicias hutíes de su zona contra los periodistas en general, y contra los que trabajan con medios internacionales en particular: «En Taiz han llegado a utilizarnos como escudos humanos. A muchos de mis colegas se los han llevado a depósitos de armas, que están bajo ataque de la coalición [liderada por saudíes y aliada con el gobierno]. Así, cuando alcanzan el objetivo militar, pueden acusar a la coalición de haber matado a periodistas».

Este tipo de intimidación es una de las razones que dificultan enormemente la investigación y transmisión de información sobre el conflicto. «En Taiz y en el norte, aparte de aquellos que trabajan para Masira, el canal de televisión de los hutíes, y los canales pro-Irán, Al Manar y Al Alam, solo son unos pocos los periodistas que pueden trabajar desde aquí. Y esos pocos, locales e internacionales, están jugándose el cuello», afirma Al Sabri.

«Tienes suerte si sales de esta. Si es que no, serás víctima de una bala de las milicias, de agresiones, secuestros. Los extranjeros no pueden conseguir visados por las limitaciones impuestas por el gobierno de [Abdrabuh Mansur] Hadi y la coalición. La excusa oficial es que el gobierno «teme» por sus vidas, porque si los secuestrasen, los encarcelasen o muriesen en un bombardeo de la coalición, sería responsabilidad del gobierno yemení.

Al Sabri ha vivido en sus carnes la violencia contra los periodistas de Yemen. En diciembre de 2015, un francotirador lo hirió en un hombro. Apuntaba a su cabeza. En otra ocasión, lo secuestraron, lo retuvieron en una ubicación secreta durante 15 días con los ojos vendados y allí lo sometieron a amenazas de muerte y torturas.

«Me secuestraron una segunda vez, junto a mi colega Hamdan al Bukari, reportero de Al Jazeera, y nuestro conductor, el 18 de enero de 2016. Acabábamos de salir de casa de un amigo para volver adonde vivíamos, cuando un coche nos cerró el paso. Un grupo de hombres enmascarados y armados nos obligó a ir con ellos, nos cubrieron la cabeza y nos llevaron a un lugar desconocido; probablemente algún sitio cerca del frente, porque podíamos oír claramente el sonido de los bombardeos. A las tres de la mañana del día siguiente, los secuestradores nos separaron. Seguíamos con las capuchas puestas. En cuanto a mí, no me permitieron quitarme la venda de los ojos, y, si lo hubiera hecho, dijeron que me habrían matado. Me trajeron un poco de comida y me la comí con los ojos cerrados. Les pregunté quiénes eran y qué querían; me respondieron que eran milicianos hutíes, y que ya me enteraría de lo que querían de mí cuando fuese el momento.

«Al día siguiente me llevaron a otra habitación para interrogarme, y así fue durante los 15 días siguientes. Quienquiera que me estuviese interrogando me acusaba de traición, de ser un mercenario, de aceptar dinero de los saudíes, de los emiratíes, de los estadounidenses y de la Hermandad Musulmana, señalándome a mí y a los míos como el enemigo público número uno de Yemen. Al final del interrogatorio, me volvían a meter en aquel cuarto y decían que me iban a ejecutar. Y así siguieron: salían y volvían a entrar y decían que me iban a ejecutar. Todos los días. Viví un infierno; creía que iba a morir en todo momento.»

A día de hoy, Al Sabri aún conserva las cicatrices de esos horribles 15 días: «Después de que me liberaran, estaba tan devastado psicológicamente que dejé de trabajar y abandoné el periodismo. Aunque quisiera intentarlo de nuevo, ¿cómo iba a poder trabajar, si han destruido todo mi equipo?».

Al Sabri no tiene mucha fe en que la comunidad internacional vaya a cambiar las cosas. «Los periodistas de Yemen estamos atrapados entre dos sistemas de feroz propaganda militar: el del gobierno y el de los rebeldes hutíes. Ambas facciones persiguen a los periodistas que trabajan para el lado contrario, además de que no reconocen la posibilidad de que exista el periodismo independiente. Aquí no hay protección de ningún tipo, ni para los periodistas ni para el periodismo. Aparte de los representantes de la ONU de siempre que «expresan su preocupación», no hay una verdadera intervención extranjera.

»Creo que la comunidad internacional debería obligar a ambas facciones a permitir a los periodistas la libertad de hablar. Deberían luchar por la activación total en Yemen del Artículo 19 de la Ley Yemení [de 1990], que garantiza la libertad de expresión y se opone a la censura de la prensa. De lo contrario, la situación se mantendrá igual, y si vuelves a oír de nosotros, será como personas que han muerto».

La premiada periodista Laura Silvia Battaglia informa desde Yemen regularmente

Este artículo fue publicado en la revista Index on Censorship en verano de 2017

Traducción de Arrate Hidalgo.

Traducción del árabe de Sue Copeland

100 years on

Through a range of in-depth reporting, interviews and illustrations, the summer 2017 issue of Index on Censorship magazine explores how the consequences of the 1917 Russian Revolution still affect freedoms today, in Russia and around the world.

With: Andrei ArkhangelskyBG MuhnNina Khrushcheva

100 years on, the summer 2017 issue of Index on Censorship magazine explores the legacy of the Russian revolution. (Illustration: Ben Jennings for Index on Censorship)

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